• Hechos de los apóstoles
    Hechos de los apóstoles

    Conocer mejor a Jesús

     

  • Jesús sube al cielo
    Jesús sube al cielo

    Hechos 1:1–14

    Jesús, después de su resurrección, fue visto no sólo por sus discípulos, sino por más de quinientas personas. Él recordó a los discípulos que vendría el Espíritu Santo y les daría poder para predicar el Evangelio, comenzando por Jerusalén hasta el extremo de la tierra. Después, Jesús empezó a ascender hacia el cielo y una nube le ocultó, así que los discípulos no lo volvieron a ver. Dos hombres vestidos de blanco les dijeron: “Sabed que Jesús volverá un día, igual que le habéis visto marcharse“ Estas palabras les llenaron de alegría y volvieron a la ciudad.

  • El día de Pentecostés
    El día de Pentecostés

    Hechos 2:1–13

    Diez días después de la ascensión de Jesús, mientras los que habían creído en él se encontraban reunidos en una casa para orar, Dios envió su Espíritu, tal como había prometido, de forma visible. Se sintió un viento impetuoso contra aquella casa, como un remolino, y el espíritu de Dios se posó sobre la cabeza de los creyentes. En Jerusalén se había juntado mucha gente de otras naciones para la fiesta de Pentecostés, y muchos extranjeros pudieron comprender el mensaje de Pedro en su propia lengua. De esa forma, muchos creyeron que Jesús es el Mesías, el Salvador prometido, y comprendieron que él tuvo que morir en la cruz y resucitar al tercer día. Sólo así quien cree en él puede recibir el perdón de pecados y la vida eterna.

  • El discurso de Pedro
    El discurso de Pedro

    Hechos 2:14–47

    Pedro, el sencillo pescador, explicó con palabras claras el plan de Dios y todos fueron tocados en el fondo de su corazón. Desde aquel momento, los discípulos de Jesús se consideraron apóstoles, es decir, enviados a llevar el Evangelio del Señor a la gente de cerca y de lejos: “Hermanos, estos hombres no están borrachos, sino que Dios cumple su profecía, anunciada por los profetas, quienes hablaron de la venida del Cristo y del Espíritu Santo. Vosotros habéis crucificado al Príncipe de la vida, pero Dios mismo lo ha resucitado y lo ha subido al Padre en el cielo, de lo cual nosotros somos testigos. Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, que os perdonará. Bautizaos en el nombre de Jesucristo y recibiréis el don del Espíritu Santo“. En Pentecostés creyeron en el Señor unas tres mil personas y cada día se añadían más. Los creyentes estaban muy unidos, lo compartían todo, se reunían amenudo para orar, escuchaban la Palabra y partían juntos el pan, recordadno la muerte de Jesús.

  • La curación de un cojo
    La curación de un cojo

    Hechos 3:1–10

    Una tarde, Pedro y Juan, dos de los apóstoles, vieron a un hombre cojo de nacimiento sentado ante la “Puerta Hermosa“ del templo, pidiendo limosna. Sabían que aquel hombre esperaba recibir de ellos dinero. Pero Pedro, mirándole a los ojos, le dijo: “No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.“ Lo tomó de la mano para ayudarlo a levantarse. El hombre se puso en pie de un salto y comenzó a alabar a Dios, gozoso por haber sido sanado.

  • Esteban, el primer mártir
    Esteban, el primer mártir

    Hechos 6:8–8:1

    Esteban amaba mucho a Dios, estaba lleno del Espíritu Santo y contaba las grandes obras que el Señor había realizado. Muchas veces, sus oyentes se sentían culpables cuando les decía que no habían obedecido la ley de Dios y que habían traicionado y matado a Jesús. Por eso, la multitud llevó a Esteban fuera de la ciudad y lo mató a pedradas. Los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven, Saulo, que estaba allí y aprobaba el apedreamiento de Esteban. Era un experto en la ley de Moisés, la seguía rigurosamente y rechazaba que Jesús fuese el Mesías. Esteban, a punto de morir, dijo que podía ver la gloria de Dios y a Jesús a la diestra del Padre. Cayó de rodillas y exclamó: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado“. Y murió.

  • El etíope y el diácono Felipe
    El etíope y el diácono Felipe

    Hechos 8:26–40

    Siempre con mucha furia, Pablo y sus cómplices procuraban matar a cualquiera que creyese en Jesús. Por eso, también Felipe, amigo íntimo de Esteban, que había estado ayudando a los pobres de la iglesia junto a otros cinco hombres, tuvo que huir. Mientras Felipe estaba en Samaria para predicar, el Espíritu lo llevó al camino de Gaza. Allí se acercó al carro del ministro y tesorero de la reina de Etiopía. Al verlo leer, le preguntó: “¿Comprendes lo que estás leyendo?“ El etíope le respondió: “¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica? Ven, siéntate a mi lado“. Felipe le enseñó al etíope que el profeta Isaías había descrito todos los sufrimientos del Mesías y le explicó quién era Jesús. Al pasar junto a un río, el etíope dijo: “Aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Yo creo que Jesucristo es el Hijo de Dios“. Entonces, Felipe lo bautizó y después el Espíritu se lo llevó otra vez. El ministro reemprendió su viaje, feliz y contento porque había conocido al Señor Jesús y lo había aceptado.

  • Saulo de viaje a Damasco
    Saulo de viaje a Damasco

    Hechos 9:1–9

    Saulo no se contentaba con perseguir sólo a los creyentes de Jerusalén. Por eso, pidió al sumo sacerdote, el jefe religioso de los hebreos, una autorización escrita para apresar a los creyentes de las otras ciudades. Mientras se acercaba a Damasco, de repente, una luz fulgurante lo cubrió. Cayó al suelo y escuchó una voz:: “Saulo, Saulo, por qué me persigues?“ Él respondió: “¿Quién eres, Señor?“ El Señor le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues!“ Saulo, temblando y asustado, le preguntó: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?“ “Levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer“. Los que le acompañaban estaban perplejos, porque habían oído la voz pero no habían visto a nadie. Saulo se había quedado ciego y había que acompañarlo. Se quedó tres días en casa de un tal Judas, sin comer ni beber.

  • Ananías escucha y obedece
    Ananías escucha y obedece

    Hechos 9:10–19

    Un día, el Señor habló con Ananías y le dio órdenes precisas de ir a encontrarse con Saulo para hacerle recuperar la vista. Al principio, Ananías obedeció, diciéndole al Señor cuánto le extrañaba eso. Los creyentes sabían del odio con que Saulo los perseguía, y le temían. Pero el Señor le respondió: “Ve, porque yo he escogido a Saulo como instrumento para llevar mi mensaje a todas las naciones, a reyes y a los hijos de Israel; ¡Yo le enseñaré cuánto tendrá que sufrir por amor de mi nombre!“ Entonces Ananías fue a casa de Judas, puso las manos sobre Saulo y le dijo: “Hermano Saulo, el Señor Jesús que te apareció en el camino me envía a ti para que recuperes la vista y recibas el Espíritu Santo. En aquel instante, Saulo recobró la vista, se hizo bautizar, comió y se sintió mejor.

  • El perseguidor perseguido
    El perseguidor perseguido

    Hechos 9:20–31

    Saulo se quedó unos días en Damasco y predicó sin temor en la sinagoga, diciendo que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Mesías prometido por los profetas. Los hebreos estaban confusos y no lograban entender por qué Pablo dijo: „En el camino a Damasco se me apareció el propio Jesús“. Entonces pensaron en matarle, pero Saulo se enteró. Sus nuevos amigos le introdujeron de noche en una cesta y le bajaron por la muralla. Al llegar a Jerusalén, Saulo buscó a los discípulos de Jesús. Pero todos le tenían miedo, dudaban de su fe. Pero Bernabé, uno de los responsables de la primera iglesia, se preocupó de cuidar de Saulo como si se tratase de un amigo. Les contó a los demás del gran cambio que se había producido en la vida de Saulo. Más adelante, la iglesia mandó al propio Saulo y a Bernabé a predicar a mucha gente.

  • El sensible corazón de Lidia
    El sensible corazón de Lidia

    Hechos 16:11–15

    Durante sus viajes, Saulo, que se pasó a llamar Pablo, no perdía ocasión para dar a conocer al Hijo de Dios, quien había dado un giro tan importante a su vida. Bernabé había enseñado a Pablo cómo transmitir el Evangelio y Pablo, por su parte, enseñaba a otros jóvenes como Silas, Lucas, Timoteo y Tito. Eran los que le acompañaban en sus largos viajes llenos de peligros. Un día, en Filipos de Macedonia, Pablo y Silas buscaban un luar junto al río para orar, y se encontraron con algunas mujeres a quienes explicaron la Palabra. Había una llamada Lidia, que comerciaba con tintes de púrpura. El Evangelio la conmovió profundamente, escuchó con atención y creyó en el Señor, se hizo bautizar y abrió su casa a los siervos de Dios, hospedándoles con amor.

  • El carcelero de Filipos
    El carcelero de Filipos

    Hechos 16:19–40

    En Filipos, Pablo liberó a una esclava de un espíritu maligno que le permitía adivinar el futuro. Sus amos se enfurecieron, porque la joven ya no les daría ganancias como antes. Entonces denunciaron a los apóstoles y los jueces ordenaron que les desnudasen y les azotasen. Después les echaron en la cárcel y el carcelero les puso en el calabozo más al fondo. Hacia medianoche, a pesar de todos los dolores, Pablo y Silas cantaban al Señor, de manera que todos los presos podían escucharles. De repente, un fuerte terremoto sacudió el terreno, se abrieron las puertas y se rompieron las cadenas. El carcelero, lleno de miedo, iba a matarse con su espada, porque temía que todos los presos se escaparían. Pero Pablo le aseguró: „no te hagas ningún mal. Estamos todos aquí. Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa“. Inmediatamente, él y los suyos aceptaron al Señor.

  • Pablo en Atenas
    Pablo en Atenas

    Hechos 17:16–34

    Un día estaba Pablo en Atenas y, viendo que la gente adoraba a tantos ídolos distintos, se entristeció. Cuando hablaba con las personas entendidas de su tiempo, notaba siempre indiferencia y hasta desperecio. Pero Pablo continuaba hablando de la muerte y de la resurrección de Jesús. Algunos le consideraban un mero charlatán o un predicador de dioses extranjeros. Cierto día, Pablo estaba en una colina y allí encontró a muchos intelectuales y filósofos; se reunían con frecuencia en un lugar llamado Areópago. Pablo, viendo un altar dedicado al „Dios desconocido“, dijo: „Atenienses, sois muy religiosos, pero no sabéis ni siquiera el nombre de a quién adoráis. Yo voy a hablaros de Dios, el Creador del universo, a través de quien existimos y respiramos. Él no es una estatua de piedra, no es de oro ni de plata. Él es Espíritu y un día juzgará a todo hombre que no se haya arrepentido de sus pecados“. Así, también en Atenas, algunos empezaron a creer en Jesús.

  • El Señor toca el corazón
    El Señor toca el corazón

    ¿Por qué tanta gente quedaba tan comovida por el mensaje de los apóstoles? Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios. Él vino a este mundo para salvar al hombre, pecador. Esto significa que Él nos perdona todo el mal que hayamos hechos si le pedimos perdón. Basta decirle que nos arrepentimos de todo corazón, es decir, que nos disgusta no haber vivido como Él desea y Él, en su bondad, nos perdona y nos recibe en su gran familia. El Señor, todavía hoy, quiere tocar tu corazón como tocó el corazón de Saulo, el del etíope que viajaba en su carro, el de Lidia y el del carcelero de Filipos después del erremoto.

  • Dios nos ama con un amor
    Dios nos ama con un amor

    La Biblia nos dice que Dios amó al mundo de tal manera que ha dado a su Hijo único, Jesucristo, para morir en la cruz. Él sufrió muchísimo, murió en nuestro lugar para darnos la posibilidad de volver a Dios. La Biblia llama a este paso decisivo: conversión Dios querría que todos pudieran encontrarle. Tal vez no podamos oír su voz como la oyó Pablo, pero Dios nos habla por medio de su Palabra. Dirígete a Él con palabras sencillas, como si hablases con un amigo. ¿Te acuerdas de lo que preguntó Saulo: „Señor, qué quieres que yo haga?“ Dios es fiel, Él no cambia jamás, y responde a todos los que le piden que les guíe en sus vidas.

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