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¿Quién no conoce la agotadora tendencia de pensar casi solo en los aspectos negativos de las cosas?
Puede ocurrir que durante horas estemos analizando una ofensa. Debido a esto, los pensamientos destructivos se hacen cada vez más fuertes, nos sentimos como encerrados o como en un tiovivo que gira cada vez más deprisa, sin que podamos bajarnos.
Así llegamos a encontrarnos en un remolino de emociones fuertes, que evitan que podamos pensar en todo lo que está saliendo bien.

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